lunes, 3 de noviembre de 2014

Años después



—Antes me costaba más, la verdad. Ahora me siento más cómodo, aunque no le voy a negar que los primeros días fueron duros. ¿Mi muerte? Un malentendido; de hecho, todos lo pensaron, e incluso hasta se deshicieron de mi cuerpo. En fin, un error como otro cualquiera. Lo bueno es que volví a casa y me recuperé. Sí, tuve que estar en cama, para qué ocultarlo, pero luego ya me pude echar al suelo, como quien dice. Incluso pasadas unas semanas me dejaron salir de la habitación; aunque de la calle nada de nada, no crea. Miraba por la ventana y veía los coches y los transeúntes y los niños con la pelota, y un día ya no me aguanté más y fui a que me diera el aire. Para no aburrirle, sabe cómo son estas cosas, de tanto verme dejaron de mirarme y uno más, lo que le digo, uno más. Bueno, qué le voy a contar si hasta terminaron poniéndome el don; ¡don Gregorio, figúrese!  Eso en mi familia, y en general en el barrio, no se lo conceden a cualquiera. Si le soy sincero, cada día creo que desentono menos. Total: la familia, el barrio, la política... todo está hecho una mierda, y usted no lo sabe porque lleva poco aquí, pero en la mierda me muevo bien.

—Ay, señor Samsa, es usted un mal bicho.


—Y quién no, vecino; quién no. 

1 comentario:

  1. Tal vez el señor Samsa descubra, algún día, que los vecinos de su barrio fueron alguna vez, antes de mutar en humanoides, cucarachas...

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