domingo, 22 de junio de 2014

Más normal que un perro verde

(Imagen de Jesús Nieto, tomada de El norte de Castilla)

En algún momento de un pasado remoto alguien se preguntó por la extensión de la realidad. ¿Qué es lo más raro que podríamos encontrar? Un perro verde. Y ahí, en el can color hierba fresca, fijó la humanidad los límites de lo posible. Desconozco si esta expresión existe en otra lengua, pero en español hace unas semanas que dejó de tener sentido. En Valladolid nacieron dos perros verdes; cosa de la biliverdina, por lo que cuentan los veterinarios. Lo cierto es que quizá por eso nuestra capacidad de sorpresa mengua al tiempo que lo grotesco se muda a la casa de al lado; y parece que viene para quedarse.

Que los límites de la cordura social son cada día más laxos lo demuestra, por ejemplo, la propuesta que baraja la CEOE para pedir que se anule el derecho a la huelga. Ahora es el momento: si se puede tener un Toby fosforito como mascota, cómo va a parecerle raro a alguien que se pretenda recuperar la esclavitud. Porque, para qué engañarnos, una vez normalizada la reforma laboral y el retroceso de derechos laborales de los últimos años, lo posible que está por venir no pinta bien para la clase trabajadora.

Y ya si hablamos de la política, la lista de cosas extrañas que ahora son tan normales como un perro verde dejaría exhausto al mismo inventor del dicho popular. Porque en otro tiempo, mira que nos hubiera parecido raro que el Gobierno indultara a un Guardia Civil que grabara con su móvil una agresión. Vamos, es que alguien nos cuenta que el Gobierno le iba a conceder la Medalla de Oro al Mérito Policial a la virgen María Santísima del Amor y bicho raro sería lo más bonito que le hubiéramos dicho. Por eso mismo, ni de broma habríamos aceptado la privatización de Aena y Renfe, dos empresas empeñadas en contradecir lo de que lo público no funciona, otra de esas letanías populares, ésta con un origen no tan espontáneo y con intenciones algo más espurias.

Quizá por casualidad, quizá porque las desgracias nunca vienen solas, muchos empresarios y políticos se han echado al monte del esperpento. Algunas de sus acciones y declaraciones demuestran que han perdido todo sentido de la contención.  Sinvergüenzas siempre han sido, para qué negarlo, pero por lo menos había cierto recato a la hora de actuar o decir públicamente. A nadie le gustaba ser un perro verde, ese era el límite. Pero ahora ya todo es posible, ya sólo nos falta la rana con pelo para el sálvese quien pueda. Y mientras aumentamos nuestro muestrario de mascotas ya ni se sabe qué más se les puede ocurrir. Miedo da pensarlo.