jueves, 25 de octubre de 2012

De ausencias perdonables y excusas contumaces

No me apetecía escribir; simplemente. No hay otra razón para explicar mi ausencia de esta bitácora. Y, aunque ya han pasado unos cuantos meses desde la última entrada, ya dije al comienzo de esta andadura, que este blog sería hijo del caos; un designio que se ha cumplido, por lo que al no haber falta por mi parte, no hay excusa contingente que venga aquí a colación. No obstante, desde hace unas semanas, vuelvo a estar con las palabras entre los dientes, pero aunque escribo y reescribo no encuentro el tono exacto con el que retomar el camino.

Escribir es como andar, y cuando uno lleva mucho tiempo bajo la comodidad del sedentario, los músculos están un tanto entumecidos. Pero como todo es ponerse, no queda otra que lanzarse al abismo blanco del papel vacío; seguir con este sueño de intentar volar sin alas. Nada mejor que rumiar las palabras con las que nombrar el sinsentido de esta parte del siglo XXI que nos ha tocado vivir. Porque, al fin y al cabo, todos los letraheridos del mundo tenemos la fea costumbre de intentar salir del laberinto tirando del hilo de la lectura y la escritura.

Ya sé que las acciones u omisiones siempre pasan factura en el mundo de los actos, por lo que el peaje que pagaré por esta ausencia será el vacío al otro lado de la pantalla. Por eso, me imagino que escribo ante un espejo; y un texto me viene devuelto como el reflejo del sol en un reloj, como una presencia extraña que sin embargo me hace conocer y conocerme mejor. Estos días, mientras el insomnio arrecia y releo las viejas entradas del blog, he pensado mucho en el proceso de escritura. Esos textos, mejores o peores, me parecen ahora lejanos. Y aunque aún me reconozco en ellos, parece que la pátina del tiempo ha dejado mella; un recuerdo vago del momento efímero que ya fue. Pareciera como si escribir fuera un intento por dejar constancia del paso por el tiempo fugaz, de retener el instante en un papel y unas palabras. En todo caso, un intento legítimo, como cualquier otro, de ser uno mismo.