sábado, 24 de marzo de 2012

Punto final

Tomó el portarretratos entre sus manos y limpió las manchas de sangre del cristal con el trapo que usaba para el polvo. Luego sacó la fotografía y la rompió en varios pedazos que arrojó al suelo. Volvió a dejar el portarretratos sobre la mesilla de noche.

Tras cerrar la puerta, no derramó ni una lágrima.

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